El Congreso Nacional se ha convertido en un espacio donde las tensiones se intensifican, especialmente en años electorales como el actual. En este contexto, los parlamentarios que buscan la reelección tienden a ajustar su comportamiento en la toma de decisiones, priorizando la conexión con sus votantes por sobre sus propios anclajes ideológicos.
En la actual contienda electoral, este fenómeno se explica por la conjunción de al menos tres elementos clave:
- La incorporación de 5 millones de nuevos votantes gracias al voto obligatorio.
- La desafección generalizada respecto del mundo político.
- Una tendencia creciente a validar a los políticos por sus atributos personales y emocionales, más que por sus propuestas.
Estos factores configuran un escenario de vaciamiento programático, donde los actores políticos están dispuestos a fijar su posicionamiento según la contingencia.
De la lógica binominal a la fragmentación actual
El sistema electoral parlamentario, que pasó del binominal a uno proporcional en 2015, buscaba con el cambio reflejar de forma más fidedigna los resultados de las votaciones. Este cambio, junto a otras reformas, generó una mayor fragmentación en el Congreso Nacional, con un aumento en la cantidad de partidos e independientes con representación parlamentaria.
Si bien el nuevo sistema electoral incentiva la conformación de listas amplias y con representación territorial, ha creado desafíos significativos, entre los que destacan:
- Independientes con poder de mayoría: Los independientes han ganado relevancia y pueden oscilar entre bloques políticos, dificultando la gobernabilidad.
- Indisciplina partidaria: Los parlamentarios a menudo desafían los acuerdos de sus bancadas.
Esta dinámica genera una enorme dificultad para el sistema político en general y para el Gobierno en particular, en su intento por lograr acuerdos sustantivos y concretar agendas legislativas.
Cuando la estrategia se impone a la ideología
Los incentivos electorales que enfrentan los parlamentarios y los candidatos presidenciales son contradictorios. Mientras que los candidatos al Congreso pueden asegurar un escaño con un promedio del 18% de los votos, lo que les permite enfocarse en nichos específicos, los presidenciables deben moderar su agenda para atraer a un electorado más amplio. Esta tensión se evidencia en los siguientes casos:
- La propuesta para la eliminación de la Unidad de Fomento (UF): Impulsada por diputados PS, esta iniciativa generó un gran revuelo mediático a pesar de las críticas de expertos y del propio Gobierno sobre su viabilidad técnica y las posibles consecuencias negativas para las clases medias. Este caso muestra cómo la presentación de un proyecto de ley con un contenido llamativo se convierte en una plataforma de visibilización y posicionamiento, con miras a las próximas elecciones.
- Impugnación de la ley marco de permisos sectoriales: Un grupo de diputados oficialistas decidió impugnar esta ley clave impulsada por el Gobierno ante el Tribunal Constitucional sin una justificación jurídica contundente, yendo a contrapelo de la agenda de su propio sector. Esta acción se interpreta como un guiño a sus nichos electorales, especialmente a grupos de interés vinculados al ecologismo. En este escenario, desobedecer al Gobierno se percibe como un costo menor que perder el apoyo de su base electoral propia.
Estos ejemplos ilustran cómo el cálculo electoral influye en las decisiones del Congreso. Comprender estas motivaciones es crucial para navegar un escenario político donde la legitimidad de las instituciones se debilita y la confianza ciudadana se ve erosionada por la desilusión y el escepticismo.