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Chile en la encrucijada geopolítica: el inicio de un nuevo ciclo exterior.

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Chile en la encrucijada geopolítica: el inicio de un nuevo ciclo exterior.

El inicio del mandato del Presidente Kast ha quedado marcado por un escenario internacional de alta complejidad. La creciente rivalidad entre EEUU y China ya no es solo un fenómeno de política exterior, sino que ha comenzado a permear decisiones domésticas, especialmente en materia de comercio, infraestructura y seguridad. Entender este nuevo tablero es fundamental, ya que las decisiones comerciales y tecnológicas estarán atravesadas con especial intensidad por la geopolítica.

El caso del cable submarino: la infraestructura como activo estratégico
El proceso de traspaso de mando se vio tensionado por la controversia respecto al proyecto de cable submarino de fibra óptica entre Chile y China. Este episodio es sintomático de los desafíos que vienen:

  • Seguridad e influencia: Lo que antes se evaluaba primordialmente bajo criterios de eficiencia técnica o beneficio comercial, hoy se analiza bajo el prisma de la seguridad nacional y el posicionamiento estratégico.
  • Alineamiento internacional: La sintonía política del nuevo Gobierno con la administración estadounidense añade una capa de complejidad a la relación con China, el principal socio comercial de Chile.
  • Tensión interna: Este tipo de conflictos internacionales se traslada rápidamente al plano doméstico, afectando el clima político y pudiendo dificultar la cooperación legislativa necesaria para las reformas internas.

Un giro en la diplomacia: más allá del comercio
Tradicionalmente, Chile ha mantenido una política de apertura basada en la neutralidad y la eficiencia de los mercados. Este modelo, sin embargo, está bajo presión. El Gobierno actual enfrenta la necesidad de conciliar el pragmatismo económico con una sensibilidad geopolítica especialmente aguda.

La participación del mandatario en instancias como la «Cumbre Escudo de las Américas» refuerza esta nueva orientación, buscando una inserción internacional basada en la seguridad y la defensa de ciertos valores comunes con aliados estratégicos. Este giro implica que la Cancillería y otros ministerios deberán gestionar un sistema internacional donde lo comercial, lo tecnológico y lo político tienden a entrelazarse de forma inseparable.

Desafíos para la autonomía estratégica
Para el sector privado, el riesgo principal radica en quedar atrapado en una lógica de «acción-reacción» entre potencias. La capacidad del Gobierno para manejar estas presiones sin erosionar la autonomía estratégica del país será clave para mantener un entorno de inversión estable.

El éxito de esta nueva etapa no dependerá solo de la voluntad política, sino de una gestión técnica capaz de navegar un entorno global donde las decisiones de inversión en áreas críticas –como telecomunicaciones, energía o minería– serán observadas bajo una lupa geopolítica permanente. La pregunta para los próximos años es clara: ¿cómo mantener nuestra apertura al mundo en un sistema internacional que tiende a la fragmentación por bloques?